Tenia ya ganas de poder poner ésta crónica, porque Yoli, con eso de que llegaban las navidades y aumentaban las ventas y eso significaba menos tiempo, me dijo que por favor la hiciera yo. Que aprovechara mi estancia hospitalaria para ello, pero ya os podeis imaginar, los primeros días como os dije, en el limbo con la morfina, visitas y la trope quadtrera que todos los días me traían un menú de cena (mc. Donalds, pizza…), como que me dio poco tiempo para crónicas. Y hasta ahora era incapaz de poner el culo en una silla más de una hora. Así que como me encuentro mejor, de momento sin vida ajetreada de trabajo y stress, y que mi cadera se puede permitir el lujo de poder estar sentada lo que quiera, pues ahí os la pongo.El fin de semana anterior a mi intervención (14-15-16 de diciembre), nos fuimos a hacer una ruta a la nieve...
Llevabamos más de un mes planeando la dichosa ruta,y yo superilusionada, porque significaba no pensar en lo que se avecinaba al menos durantes 3 días, que en principio sería para seis personas en una casita rural en Arcavell, pues al final tuvimos que acabar reservando a parte de la casa, todo el hotel Cal Pintor, en dicho pueblo. Nos reunimos en total 14 personas.El viernes, al mediodía salí para allí y así llegar prontito para cuando llegara la gente por la noche a la casita estuviera ya caliente y con la chimenea a pleno rendimiento. Jejejeeje. Me paré a hacer unas compras, para que no faltara de nada en la nevera para picar, porque las comidas las haríamos en el hotel, y cuál fue mi sorpresa al llegar a la casa, a parte de ser preciosa, me encontré con dos amables paisanos (de los 10 que viven allí en ésta época, según ellos me explicaron), que al verme con todas las bolsas, la maleta y las dichosas muletas se ofrecieron para bajarme todo hasta la casa, que son poquitos metros, pero hay que hacerlos a pie. De esto, poco más, que me pasé toda la tarde estudiando a pie de chimenea, y muy tranquila esperando al resto de la tropa que a partir de las 9 de la noche empezaron a llegar. Cenamos y nos repartimos cómo habíamos quedado.
Aquí, la abuelita se puso a arreglarse la bufanda a las doce de la noche, mientras los demás charlábamos animadamente como veis.
La mañana del sábado, algunos, a las seis y media de la mañana ya se estaban enfundando en sus pantys para empezar la ruta. Estas un pelíiiiiin “gay”, ¿no javi?.Pero monísimo. Jejejeejeje
Del sábado, sólo os puedo poner algunas fotos que me han pasado, porque yo no me arriesgué y me fui a Andorra de compras.Pero a la hora de la comida quedamos en el Punt de Trobada, en Andorra.
Una vez que llegaron de ruta y nieve hasta más no poder, en la cena de esa noche tuvimos una agradable sorpresa, y es que nos atendió y sirvió personalmente MamaNoel, y algunos no perdieron la oportunidad de retratarse con ella.
El domingo, ¿qué pasó el domingo?.Pues lo que tenía que pasar. Que me dieron tanta envidia el sábado, que me lié la manta a la cabeza y dije:”total, de perdidos al río. Pasado mañana paso por quirófano, así que si me rompo algo que me enchapen las dos cosas y asunto solucionado”Como mujer previsora que soy, ya había metido todo el equipo al maletero del coche por aquello del…¡por si acaso! o por…¡el que dirán! Jajajajaaj.Cuando ya estaban todos preparados, les dije que me dieran 10 minutos que me vestía, que se me ayudara a ponerme el calcetín y la bota derecha, y que nos ibamos. ¡Dicho y hecho!Tuve un buen chofer, que se prestó a llevarme en su flamante nuevo Articat con esa gran maleta que me envolvía casi entera y ese cómodo respaldo.Y al que al final de la ruta, le tuve que dar la gracias, por haber ido despacio para no moverme mucho, con el que fui muy segura, por su buena conducción y por ir como una reina.Me ayudaron a subir y…¡en marcha!Sí que tengo que anotar, ante esas imágenes, que Jose, esa enorme cabeza, a parte de para pensar de vez en cuando, es para ser un cabezota de narices, y antes de llegar a la furgoneta de los hippies, que había no se cuantos palmos de nieve en la pista, dijo:”aquí, no se puede bordear, hay que abrir pista para pasar y se abre por narices”. Eso nos llevó como dos horas empujando de su quad, cada vez que pasaba para poder abrirnos caminito a los demás. Las fotos lo dicen todo. 








A las tres de la tarde, volvimos al hotel para comer una deliciosa paella que Yoli se había encargado de reservar.
Después, recogimos las cosas de la casa y llegaron las despedidas y esos pedazos mensajes de ánimo que me dabais mientras nos decíamos adiós, que esto duró no mas de 10 minutos, porque fijaros como se iban quedando los quads por cada minutos que pasaba.

Bonita ruta, compañeros. Texto: Ruth Lorenzo (Nikita)Fotos: Ruth Lorenzo (Nikita) y Joan (Canamrenegade) |